NOTICIA
EL PODER DEL SONIDO
MELODIAS RESIDENTES

Gerardo Sifuentes

Una mujer diagnosticada con depresión y trastorno de estrés postraumático entra a una cámara sin ecos en su interior; las paredes están tapizadas por conos piramidales de hule y espuma de color blanco. Ahora está recostada en un diván, en medio de un silencio absoluto. Se escucha entonces la amable voz de un médico a través del sistema de sonido, quien le pide que se relaje y empiece a relatar las experiencias negativas que la han acosado en los últimos meses y que son el motivo por el que se encuentra en este lugar. Mientras ella habla, por las bocinas empieza a escucharse un murmullo; una nota musical apenas perceptible que le sirve de fondo a su propia voz. Cuando termina de explicar, el volumen aumenta de manera lenta aunque progresiva. Pronto ya no es un murmullo, sino una melodía un tanto abstracta que en pocos minutos se convierte en un ritmo complejo pero agradable. La mujer pone atención, como si estuviera enganchada por aquella dulce voz; aunque nunca la había escuchado, le resulta bastante familiar, incluso podría jurar que la conoce de algún lado, pero no puede estar segura de identificarla de inmediato. Se deja llevar por los ritmos, y en poco tiempo queda en un estado de trance que tarda apenas medio minuto, sumida en sus propios pensamientos. De improviso cobra conciencia, con la sensación de haber estado en aquel lugar por varias horas, aunque apenas han pasado unos cuantos minutos. La música continúa. Por una razón que no puede –ni desea– explicar, la invade una sensación de tranquilidad, como si hubiera dejado atrás un gran peso. Camino a casa se sorprende al darse cuenta de que tararea la melodía que escuchó en la terapia, y entonces sonríe por primera vez en meses. Sin embargo, el efecto no dura mucho tiempo, pero con el paso de los días aquella canción sin título le brinda más seguridad para enfrentar su condición y los quehaceres de la vida cotidiana. Y cuando la sensación de agobio y la depresión regresan, acude a la página de Internet donde puede acceder a la melodía que ha escuchado; aunque en esencia es la misma y le brinda calma al momento de fluir a través de los audífonos, nota que su estructura ha cambiado, de manera sutil pero evidente –se percata entonces de que aquella canción terapéutica está programada para nunca repetirse igual–.


Sigue leyendo en Revista Muy Interesante, Marzo 2017.

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